Mecanismos
Esta mañana me he levantado, o mejor dicho, me han levantado para una recado urgente; me han arrancado del cómodo sofá y de la cálida manta que dormían junto a mí y me han hecho coger un taxi urgentemente. Pero como siempre, del todo inesperadamente, la Vida me ha regalado un pequeño tesoro en forma de pensamiento: mientras iba en el taxi me he puesto a pensar en los mecanismos que dictan una parte importante de nuestro comportamiento.
Si tuviera que definirlo en términos de rol, creo que diría que esos mecanismos mentales son algo similar a las taras de Fanhunter, y que la Vida es el master con sentido del humor especial que aguarda a que la situación sea la más jugosa para soltar aquello que hace que el PJ se vuelva loco, que salga huyendo o que ataque a todo lo que se mueva, amigos incluidos.
Es cierto. Creo que las personas tenemos "disparadores" a mansalva, pequeñísimos detalles que son como la piedrecita que al dejar de estar en su sitio, desencadena una avalancha de sentimientos y/o reacciones que aparentemente no tienen explicación alguna. Para ilustrarlo vamos a tomar a un personaje casual al que vamos a llamar Señor Y y vamos a contar una pequeña historia:
Ha sido un fin de semana excepcional, completo y divertido. Es poco probable que se vuelva a repetir uno igual.
El Señor Y está en la estación despidiéndose de sus amigos después de un fin de semana de camping en la sierra. Se van sucediendo las rondas de besos y abrazos de rigor, y cuando se termina, el Señor Y se da cuenta de que la Señora X le ha dado un beso a todo el mundo excepto a él. Al principio el Señor Y queda un poco perplejo, y mientras se echa la mochila al hombro y sube por las escaleras del vagón intenta asimilar el hecho. No le encuentra explicación alguna. Levanta la mochila para subirla y del compartimento superior surge el fantasma de la duda que se instala comodamente en el asiento situado al lado del asiento del Señor Y.
El tren inicia su andadura y los ojos del Señor Y van viendo cómo las baldosas se van convirtiendo en estelas. Un corte y el campo salpicado de colinas aparece en toda su extensión ante su vista. El tren traquetea indiferente y el cielo está cubierto por una inmensa carpa blanquecina. Pasan dos minutos y 43 postes de tensión eléctrica.
En el poste 44 el fantasma toca el hombro del Señor Y y un escalofrío recorre su cuerpo. Durante esos 44 postes su mente ha estado moviendo sus ruedecitas dentadas y sus chimeneas han estado echando humo.
"No, tiene que haber sido un descuido, seguro que sí, es eso".
El poste 51 queda atrás.
"Estoy seguro de que tiene que haber un error. La Señora X ha estado encantadora conmigo todo el fin de semana. Solamente un poco distante al final, pero estaba cansada. Sí, seguro que es eso, está cansada y se ha olvidado, no se ha dado cuenta".
Ahora, 57 postes jalonan el bífido camino de hierro que conduce al pasado. La humareda se va haciendo más espesa dentro del vagón.
"Pero... y si por un casual he hecho algo que no le ha gustado... me lo diría. Seguro. Somos amigos, aunque dios sabe que me gustaría que hubiese algo más, y me lo diría. Claro que... es evidente que si quisiera algo conmigo ya me había enterado. Lo que ocurre es que soy una persona que no le intereso. Por eso somos amigos, porque tengo ese "algo" que evita cualquier deseo que pueda tener ella de acostarse conmigo. Sí, me temo que soy alguien poco interesante".
El poste número 68 pasa veloz y se pierde. En ese momento el fantasma de la culpa sale de debajo del asiento, sonríe socarrón, se coloca a los pies del Señor Y y se le queda mirando fijamente sin perder la mueca de su cara. La humareda casi no permite ver el otro lado del pasillo. Los ojos del Señor Y llorarían si se tratase de humo corriente.
"Claro. Si tenemos en cuenta todos los momentos que hemos pasado juntos, todos han estado marcados por eso. Las distancias se han mantenido. Las cosas no han cambiado. No he sido capaz de horadar ese muro. Soy un fracasado. No comprendo ni cómo me sigue hablando. No valgo nada, y si soy aceptado es porque la gente después de todo tiene una vena altruista. No... no valgo nada".
Poste 85 y la oscuridad es completa dentro del vagón. El Señor Y deja de ver y de sentir.
Como epílogo diremos que cuando el Señor Y se baje en Chamartín hará frío, y lo notará, pero no será más que un elemento de ese escenario siempre cambiante que es "lo de fuera". Cuando llegue a su casa, si tiene la desventura de ser esperado por alguien que le pregunte por el fin de semana de camping, se contentará con dar un gruñido e irse a su habitación a dormir. Si tiene la desventura de vivir solo, entonces no dirá una palabra, se pondrá una balada triste y lacrimógena en la cadena de música o en el ordenador y se tumbará en el sofá a esperar a que el cansancio venza a la invencible maquinaria de su mente y le arrastre a algún sitio mejor que ese en el que vive. Un fin de semana para olvidar.
Creo que esta historia es autoexplicativa y evidente: un pequeño detalle que puede ser motivado por cantidad de factores y que tiene una alta probabilidad de ser un descuido (alta probabilidad, pero no certeza. Ahí arranca todo), arruina el recuerdo de un fin de semana perfecto, la mente y la autoestima de nuestro protagonista, amén de contaminar la amistad entre él y esa chica. Claro que ella es posible que no lo sepa nunca, ni siquiera lo imagine, pero eso es otra historia.
Así funcionan los mecanismos de nuestra mente, las automatizaciones que nos convierten en computadoras, que nos hacen reaccionar en vez de actuar, causantes de situaciones a las que muchas veces se llama "malentendidos", tan difíciles de preveer y erradicar que hay que aprender a vivir con ellos. Pero también hay que aprender a identificarlos y a intentar gobernarlos. Eso sí es un reto.
domingo, enero 11, 2004
Paquetes de tabaco y humo casero
Ahora mismo escribo desde casa de Rapun y Jofan. Que curioso, es la primera vez que escribo una entrada desde una casa ajena. Y la cosa es que he observado algo tremendamente curioso todas las veces que he estado con esta maravillosa gente.
He estado ya con bastantes grupos de personas, muy variadas desde luego. En estos grupos no suele faltar gente fumadora, con lo que los paquetes de tabaco son compañeros inseparables en cualquier reunión. Ahora bien, y aquí viene lo curioso, los paquetes de tabaco que descansan sobre las mesas, mudas testigos de tales reuniones, suelen estar vacíos. Sin embargo, en este grupo es radicalmente distinto: los paquetes de tabaco que me miran desde abajo y que cojo al descuido, rebosan de cigarrillos.
Es algo a lo que no sé dar explicación, pero que me gusta. Es algo en el ambiente de estas reuniones, eso seguro. Pero ahora no escribiré má acerca de ellos, porque oigo risas en el salón y me apetece volver a sumergirme en esa nubecita, fruto del agua evaporada de los profundos, bellos y separados lagos que son estas personas. Hasta la vista ;)
Publicado por Earendil en 1/11/2004 03:15:00 a. m. 0 comentarios
miércoles, enero 07, 2004
Nuevos Enlaces y nueva fuente
Hoy ha sido un buen día. Mi equipo ya tiene una nueva fuente de alimentación y ahora mismo estoy escribiendo cómodamente sentado delante de mi pantallita de 19' y con el ADSL de nuevo en marcha. Además he podido descansar una buena parte de las horas que me faltaban desde hacía una semana, cómodamente tumbado en mi sofá. Solamente me falta un afeitado para volver a ser humano del todo.
Bueno, en otro orden de cosasa, ya está un poco actualizada la zona de enlaces del blog. Estaba algo descolgada la verdad. Pero me gustaría poner más enlaces, de manera que solicito ayuda a los Athechuzos del mundo mundial para que echen un cable ;).
Por cierto, gracias Hetoo por el consejo de los acentos del blog. Aunque a estas alturas casi me he acostumbrado a ponerlos en código y avanzo deprisa, se agradece el poder escribir aquí como en el wordpad.
Bueno, quedan como proyectos a corto plazo ordenar la casa, instalar de nuevo woody en el PC y hacer una extensa colada. Ah, y no beber alcohol en una buena temporada, como poco hasta el viernes. Hay que ser fuerte.
Publicado por Earendil en 1/07/2004 10:21:00 p. m. 0 comentarios
Crónica de fin de Año
Ya lo sé; es probable que sea un poco tarde para ponerse a escribir esta crónica, pero por motivos diversos (curro, fuente de alimentación petada, falta de tiempo para pasar por casa, etc.) no he podido hacerlo antes.
Por decirlo de alguna manera: ha sido el mejor arranque de año que he tenido en la vida. Me faltan las palabras. Mil millones de gracias preciosa Shelob, por abrirme esa puerta. Y gracias a tí y a vosotros chicos, por esperarme al cruzarla.
La cosa empezó en el Apartathe cerca de las dos de la mañana, donde la noche transcurrió entre bebidas (muy bueno aquel mejunje azul y rojo, quien lo había hecho?), risas y juegos (lo de la piruleta asesina no se me olvidará mientras viva y lo del psicólogo menos, banda de desalmados villanos XD). A la noche siguió, como suele pasar, la mañana la cual se me hizo corta entre recitales de Les Luthiers y chistes para niños de seis años. Aún me río al recordar a Athe desgañitado de risa en el suelo, los chistes 31 y 12 del repertorio, al difunto Rey Kilmenir y el dolor de diafragma con el que acabé. Fue impresionante.
Más o menos sobre las dos y media decidimos que había que meter algo de alimento al cuerpo, de manera que nos dirigimos al restaurante chino cercano de rigor, donde, aclaro, NADIE se quedó traspuesto en el baño XD. La comida que siguió tuvo de todo: fue zigzagueando entre la apatía y más carcajadas. Incluso tuvo su momento de cultura donde Beor nos mostró la manera de despedirse a la usanza de Pekin. El Chim Pún me acompañará siempre que vaya a pedir la cuenta en un chino XDD.
Después de la comida nos despedimos y una dama amable me dejó en mi casa. Durante el escaso par de horas que pasé allí (fue el único tiempo que pasé en mi casa en los cinco días siguientes a fin de año) tuve tiempo para rememorar todos los momentos pasados de esa noche. Y fue entonces cuando me dí cuenta de que lo que acababa de vivir era la mejor noche de fin de año que nunca había pasado. Si me hubiesen preguntado lo habría dicho así.
Gente especial, carcajadas, flashes de cámara digital. Un sofá negro, un suelo de madera y un techo de ilusiones. Vasos de plástico del chino, con rayas que circunvalan y siempre quedan por debajo y puntos que se ven demasiado pronto. Un acuario enorme, una pecera misteriosa, y muy poca agua fuera de ellos. Un 31, un 12 y un diez. Una cabeza apoyada en un hombro, una cabeza apoyada en una cabeza y una manta que da su apoyo. La manzana del pasado y la naranja del futuro metidas en el frutero del presente. Tiempo que se congela en la superficie, que fluye deprisa al fondo, y que se echa de menos al final. Retazos de imágenes , jirones de aire enlatado y coloreado, y manchas de Vida, que forman un Velázquez.
No. No me he fumado nada antes de escribir esto. De hecho estoy en el curro. De cuerpo presente quiero decir. Porque mi mente aun sigue allí, rodeada de seres extraños y maravillosos, en ese misterioso lugar que algunos llaman ensueño, y que no le llaman fantasía no porque sea menos maravilloso, sino porque fue real.
Gracias chic@s. Han sido unas horas inolvidables en vuestra compañía.
Publicado por Earendil en 1/07/2004 03:13:00 p. m. 0 comentarios
viernes, diciembre 26, 2003
Pasando el polvo a la agenda
Es increible la cantidad de cosas que tiende a almacenar el ser humano. Creo que debe de ser algo genético, porque, salvo excepciones, todas las personas que conozco tienden a almacenar todo tipo de objetos "por si acaso hacen falta algún día". Yo me incluyo por supuesto.
Un buen ejemplo de esto es la agenda de un teléfono móvil. Los nuevos terminales tienen cada vez más capacidad de almacenamiento, tanto para melodías (uauh!, no puedo esperar, deseo escuchar corazonnn lattino cuando me llamen mis amigas!!) como para imágenes (en color y sacadas instantáneamente gracias a la minúscula cámara digital que llevan incorporada. Inclinémonos todos, definitivamente nuestra sociedad no tiene parangón) como para números de agenda (creo que ya van por 300 entradas, ni las páginas amarillas oiga).
Y es que la cantidad de teléfonos que van encontrando su hogar en las entrañas electrónicas de nuestros juguetes de bolsillo aumenta en progresión geométrica. Y cuando hay que descorrer las cortinas y subir las persianas (porque al intentar meter el teléfono de esa tía que está tan buena el terminal nos dice que tenemos la agenda llena), nos encontramos con que hay inquilinas entradas que pertenecen a gente a la que hace años que no vemos, y a la que con suerte mandamos un sms navideño al año (en otra entrada hablaré de esos maravillosos y personalizados sms que te saturan el movil en navidades de mano de amigos que tienen más deseo de felicitar las navidades que tiempo para hacerlo).
Y la verdad es que es triste reconocerlo, pero en mi caso ha costado 45 minutos reducir la lista de 150 a 127 entradas, entradas que almacenan teléfonos que no borras por si acaso vas alguna vez a esa ciudad a 500 km. para tener a alguien a quien llamar, por si a fulanito se le ocurre llamar para que sepa quien es, por si acaso tengo que llamarles por si hay una kedada, y otras profundas razones. Y todavía me da dolor de conciencia haber borrado algunos teléfonos. Esto es para una viñeta de Forges. Que triste.
Publicado por Earendil en 12/26/2003 01:53:00 p. m. 0 comentarios
sábado, diciembre 13, 2003
Diciembre
Vamos a ver si con un poco de suerte el tiempo decide andar un poquito más deprisa por el sendero de la vida y se termina este año de una vez. No es que crea que las cosas cambien simplemente por descolgar un calendario y colgar otro en la pared, pero el fin de año siempre se toma como una oportunidad de ruptura con lo anterior, como un momento en el que empezar de nuevo es más sencillo, en el que las cosas parecen más accesibles. Y deseo con locura que ese momento llegue pronto. En la cartera me queda cerca de un euro para todo lo queda de mes. No es broma.
He agotado todos mis recursos, lo que en principio no es tan malo, pero los he agotado un mes antes de lo previsto. Y todo esto sabiendo que es posible, incluso probable, que no me vuelvan a llamar de la universidad. La idea de hacer sesiones intensivas de pesas y de prostituime en la Gran Vía madrileñ:a va tomando un atractivo que no esperaba que tomase. Estoy desesperado.
Pero no todo pinta tan malo. El otro día descubrí algo interesante y maravilloso, y es ni más ni menos que, a mis 24 septiembres, sigo siendo un tío joven. Algunos es posible que se mofen de esto, o en mejores casos, que no lo entiendan, pero para mí ha sido ver de repente el cielo abierto. Ha habido mucha gente a lo largo de bastante tiempo que me han comentado que no parecía tener la edad que tenía, dejando aparte consideraciones físicas (dos autopistas en la frente), y es verdad. Y creo que ese mecanismo arranca del pasado, de muy atrás, de cuando la única manera que tenía de ser distinto era adoptar pautas de comportamiento pseudoadultas. Gracias a ese mecanismo me he perdido bastante cosas... cosas que me gustaría haber vivido. Pero como eso sería llorar por la leche derramada voy a evitar pensar en ello y voy a aprovechar que aun tengo esta edad para disfrutar de la vida y de las personas.
Aunque pueda parecer increible, ese simple detallito, ese simple chip cambiado, ha cambiado la forma en la que veo el mundo. Es un regalazo que me ha dado la vida a cambio de mucha tristeza, de un ordenador portátil, de perder el amor de una persona y un montón de vivencias. Pero ha merecido la pena. Es algo que puedo compartir con los que me rodean. A partir de ahora tendré más sencilla la tarea de arrancarles sonrisas o de hacer que se sientan más a gusto. Ahora mismo solamente provoco tristeza, pena, y otra serie de cosas no demasiado positivas en la gente. Y creo que va siendo hora de hacer que eso cambie. Poco a poco, pero sin pausa.
Publicado por Earendil en 12/13/2003 01:07:00 a. m. 0 comentarios